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No sé si valga la pena una presentación, ya que en el fondo la primera imagen que haga de mí se irá por la borda con cada post que coloque. Por lo menos, ahora me ha dado ganas de hacer una suerte de analogía y de poner esta foto que puede darles algunas pistas. Junto a mi nombre en la cabecera del blog aparece un fragmento de una pintura de Balthus, que toda la vida me ha llamado la atención (al menos desde que la vi por primera vez en plena adolescencia): el tiempo se ha detenido, la institutriz quiere escarmentar a la alumna, quien toma las clases sentada en sus rodillas y que al parecer es mala tocando ese instrumento que parece una pequeña guitarra. Por eso la dama la tironea de los cabellos con furia (basta atender a la severidad de su rostro), y la niña pierde el equilibrio y parece que va a caer. En el acto de aferrarse a la posición inicial, la pequeña jala el vestido de su maestra (¿será su madre?), lo que descubre un seno, y la mujer ante la osadía, insiste en su castigo. Asistimos, entonces, a la composición de un segundo en la vida de una nínfula. La lección de música tomará otro curso.
La idea de Balthus me parece maravillosa. ¿Dónde está lo malsano? ¿Cuál es es lado oscuro? ¿En la falda levantada, el seno descubierto, el rostro de la niña? Por ahora, en este blog, les narraré mis propias “lecciones de música”: fallidas, melancólicas, cómicas, rochosas, absolutamente olvidables pero que colocaré aquí, aunque sea en el suelo, como ese instrumento que quiere figurar en la escena a cómo dé lugar.
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