Archivado en: Uncategorized | Etiquetas: bikini, chicas, lolita, mujer, vida
Siempre consideré esta frase de lo más ordinaria, no sólo por hacer una triste analogía (y eso que también viene a mi mente el olor de la mencionada ave recién desplumada, puaj), y que en el imaginario popular iba acompañada de la célebre frase “a sol la barra”. Para ellos, alucinar con la zona liberada de vellos (parte de la estética del porno también, sino la selva tapa todo lo que quieren ver) es siempre una visión apetecible.
De otro lado, nos han vendido la idea que cuando te pones el bikini o la tanga, no debe aparecer nada más de la cuenta, sobre todo si te vas a la playa. Qué horror si se atreven a asomarse. Ni hablar. Todavía queda en mi memoria infantil aquel video de Loco Mía en Ibiza donde ponchaban un desfile de primeros planos del famoso triángulo embikinado y lleno de pelillos. Fo!!!
Pero este no es el punto de mi crónica. Quiero recordar las pocas veces en que quedé como dios me trajo al mundo y cómo esto entusiasmó de manera sideral a mi chico. ¿Estaba cumpliendo (glup!!!!) su fantasía oculta de imaginarme púber, con menos de catorce años, viéndome así recontra “desnuda”? Se me ocurrió darle una sorpresa y terminé dejando calva mi zona más dilecta.
El efecto fue estupendo, pero hasta hoy, y eso que ya pasó un montón de años desde aquella “primera vez de tijeras + gilletes” me queda la duda de si mi ex se imaginaba que estaba con una lolita, con alguna nínfula recién escapada del recreo o con alguna amiga coqueta de mi primita Mery. Luego de esa vez ya no quise dar sorpresa a nadie más. La cosa puede tener el look que quiere, en la temporada que quiero y cuando yo lo quiera disfrutar.
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No existe la persona que contemple como se debe el hilo dental o el nuevo brassiere salvo el enamorado que ya lleva más de cuatro años con una, o el marido despistado y aburrido que necesita que le “levanten al muerto”. He invertido horas en elegir los modelos más sexys para mis novios, que colores, blonditas, si tanga o hilo, si tipo boxer o tipo “mochita”; si con push up, con aros, con transparencias, cuando al final de cuentas la prenda elegida pensando en el “otro” va a terminar confundida con el polo o el BVD o bajada de un tirón junto al pantalón. Mimesis total. Así no es pues. Así no juega Perú.
Es decir, ingenuas son aquellas que piensan que optar por el fucsia, el negro o el turquesa va a cambiar en algo el estímulo que ejercen sobre el novio de turno. Naranjas: da igual ya que no sabemos si nos imaginan con el calzón o sin él.
Lo que sí es cierto es que nosotras pensamos en un buen bikini y un buen sosten no sólo por comodidad, sino porque creemos que le van a dar un plus a nuestra maravillosa vida sexual. Mas bien creo que le da algo de sazón pero por diversas razones:
- Acaso no te ha pasado que te sale una cita a última hora o te dio ganas de ir a un telo con tu enamorado así de imprevisto y te acordaste que tienes puesto el calzón más percudido de tu closet (que encima es beige) mientras tu sostén es rojo o amarillo. Lógico que se te va a ocurrir en los previos ir al baño y sacarte tremendo adefesio y tirarlo por el water.
- Acaso no te ha pasado que por casualidades de la vida el calzón que tienes puesto dice “miércoles” y estamos “sábado” (obvio que habrá sido regalo de alguna tía o abuela, pero bueno tenías todo el stock de ropa “estimulante” en la ropa sucia) y que no sabes cómo hacer para tu pareja no vaya a darse cuenta (ay, qué no sepa leer, qué no sepa leer!!).
-Acaso no te ha pasado que el sosten de Leonisa que te compraste a plazos tiene esas almohadillas intercambiables, que salen volando de manera imprevista y no sabes si atribuir dicho hecho ¿a la descosida de la hombrera de tu saco?
- Peor es cuando vas a una disco, bailas de lo más lindo con tu pantalón a la cadera merengue, música afro, reguetón, y luego te das cuenta que te habías puesto el “matapasiones” que te llega a la cintura.
Pero volviendo al grano, comprar ropa interior bonita tiene sus ventajas y efectos sí y sólo sí:
-Tienes más de cinco años con el mismo novio y necesitas renovar el panorama.
-Eres casada y quieres seguir siéndolo.
-Si vas a hacer un show de striptease.
De otra manera, como les dije, la ropa interior linda sólo será para ti y tus amigas.
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Hoy voy a postear todos los temas que me han estado tentando en la cabeza y que van a compensar los días de ausencia, cuando se supone que debía comprometerme a contar algo a diario. Esta vez se me ocurrió, como parte de los balances que me he decidido hacer, elaborar un riguroso recuento de los momentos más memorables de mis encuentros cuerpo a cuerpo. Vinieron a mí hombres (aunque también púberes, ojo que lo digo porque yo también lo era) que practicamente me dejaron solamente esos momentos, y si se mantienen en vigencia en mis recuerdos es porque vllegaron a mí solamente para que esta mañana pueda rememorarlos sugestivamente. Aunque también debo aceptar que muchos momentos imborrables los tuve con ex novios, a los cuales les estoy eternamente agradecida. Allí va el conteo regresivo, al cual le doy un sentido espacial:
1. El aula repleta en el instituto. S. y yo llevábamos meses saliendo, y como típicos adolescentes eramos devotos de los usuales toqueteos diarios en todos los lugares posibles, echados en el jardín al final de las clases, en el micro, en la puerta de mi casa, en el sillón de mi sala. La pura normalidad. Pero estando en una clase repleta de compañeros de clase, con las cortinas corridas y con las luces apagadas, donde pasaron una película que nunca vimos. Lo único que no me puedo explicar ahora cómo hice para borrar a los 60 alumnos, al profe, y dejar solamente a mi chico, con el cierre abajo y mi mano frenética en los interiores de su boxer. Sin duda lo más estimulante fue eso: tener un público cautivo que ponía atención de reojo.
2. La cama de mi viejo. Un quicky no suele ser satisfactorio, en la medida de que sólo se trata de sacarse el gusto de tener un encontronazo. Pero en esa ocasión se trató de no hacer bulla, cero gemidos, cero ruido de catre viejo y algo de efectividad con el tiempo en contra. El lugar era ideal como para aniquilar mi fantasía de complejo de Electra, someterme a las dudas más escabrosas, y por allí temer a un complejo de culpa. Pero nada de eso, un polvo sencillo, tranqui, aunque terminara diciéndole a mi partner “sigue, papi”.
3. El hotel en medio de un operativo. No hay nada como sentirse parte de la nota roja de un noticiero. Serenazgo irrumpiendo para ver si hay cosas “fuera de lo común”, mujeres que salen corriendo aunque no tengan nada que ocultar, salvo el sosten que arrastran entre las rodillas. Bueno fuera que se tratara de un telo del centro de Lima o La Victoria, pero nada de eso, estar en uno en Miraflores, con direct tv, con yacuzi, no te libra de la peruana paranoia. Un turista se había tirado del tercer piso, pero como el lugar ya estaba pagado había que seguir con los planes. Ojos que no ven calzón que no siente.
4. El Cruz del sur hacia Arequipa. Es necesaria una carretera libre de baches, las cortinas cerraditas, y unos pasajeros vecinos dormilones. La asolapada acurrucada y la colchita de rigor hicieron el momento memorable: lentas fricciones y todo el tiempo del mundo. Desde esa vez la Curva del diablo cobró otro significado en mi geografía personal.
5. El patrullero en Túcume. A veces querer viajar mochileando y no tener dinero para el telo puede tener sus ventajas. La incomodidad de dormir en un patrullero gracias a la solidaridad de los policías de la comisaría de este distrito norteño, que tenían sus reparos ante nuestro pedido de que nos dieran una celda, puede ser reparada por las acrobacias en medio del timón y de los asientos viejos que no se podían reclinar. Concentrarse en intentar un orgasmo o escuchar el último perno que sujeta toda la carrocería y que evita que las llantas salgan disparadas hicieron una plena conjunción del sueño futurista: hombre y máquina unidos.
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No sé si valga la pena una presentación, ya que en el fondo la primera imagen que haga de mí se irá por la borda con cada post que coloque. Por lo menos, ahora me ha dado ganas de hacer una suerte de analogía y de poner esta foto que puede darles algunas pistas. Junto a mi nombre en la cabecera del blog aparece un fragmento de una pintura de Balthus, que toda la vida me ha llamado la atención (al menos desde que la vi por primera vez en plena adolescencia): el tiempo se ha detenido, la institutriz quiere escarmentar a la alumna, quien toma las clases sentada en sus rodillas y que al parecer es mala tocando ese instrumento que parece una pequeña guitarra. Por eso la dama la tironea de los cabellos con furia (basta atender a la severidad de su rostro), y la niña pierde el equilibrio y parece que va a caer. En el acto de aferrarse a la posición inicial, la pequeña jala el vestido de su maestra (¿será su madre?), lo que descubre un seno, y la mujer ante la osadía, insiste en su castigo. Asistimos, entonces, a la composición de un segundo en la vida de una nínfula. La lección de música tomará otro curso.
La idea de Balthus me parece maravillosa. ¿Dónde está lo malsano? ¿Cuál es es lado oscuro? ¿En la falda levantada, el seno descubierto, el rostro de la niña? Por ahora, en este blog, les narraré mis propias “lecciones de música”: fallidas, melancólicas, cómicas, rochosas, absolutamente olvidables pero que colocaré aquí, aunque sea en el suelo, como ese instrumento que quiere figurar en la escena a cómo dé lugar.




